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La urología es la especialidad médico-quirúrgica que se ocupa del estudio, diagnóstico y tratamiento de las patologías que afectan al aparato urinario, glándulas suprarrenales y retroperitoneo del hombre.

La urología comprende el estudio y tratamiento de enfermedades que afectan el aparato uro-genital, tanto masculino como femenino.

Una piedra en el riñón -también llamada cálculo renal- es una masa dura que se forma en el riñón a partir de sustancias de la orina. Estos pueden ser tan pequeños como un grano de arena o tan grandes como la mitad de la palma de una mano.

La mayoría de los cálculos en los riñones se eliminan a través de las vías urinarias, pero algunas veces no salen en forma espontánea y es necesaria la atención de un médico. Aquí, cuando se atascan en la vía urinaria, pueden causar mucho dolor.

Un cálculo puede producir:

  • Dolor muy intenso en la espalda o en el costado
  • Sangre en la orina
  • Fiebre y escalofríos
  • Náuseas y/o vómitos
  • Orina con mal olor o turbia
  • Ardor al orinar

Tratamientos: Existen diversos tratamientos. Sin embargo, la mejor opción va a depender del tipo de cálculo, su tamaño, localización y de las molestias del paciente.

Prevención: Beber mucha agua. El agua ayuda a eliminar las sustancias que forman las piedras o cálculos en los riñones. Si ya has tenido antes una piedra, habla con tu médico sobre otras formas de evitar nuevas apariciones. Incluso, consulta por un estudio que permite detectar alteraciones en el metabolismo (funcionamiento del organismo).

Es el tumor maligno que, con mayor frecuencia, afecta al sistema urogenital.

Se presenta especialmente después de los 50 años y en aquellos hombres con antecedentes familiares de la enfermedad.

El diagnóstico precoz es de extrema importancia, ya que permite detectar tumores en etapas tempranas de su evolución y que, por lo tanto, son curables con el tratamiento adecuado. Por otra parte, hay que ser activo en la búsqueda de esta enfermedad, ya que en sus etapas iniciales es asintomática.

Existen dos herramientas que nos ayudan al diagnóstico: el tacto rectal o palpación digital de la próstata, y el antígeno prostático específico, que es un examen de sangre que cuando está elevado permite sospechar la presencia de la enfermedad. Ambos deben realizarse anualmente a contar de los 50 años en la población general, y a contar de los 40 años en aquellos hombres con antecedentes familiares.

Ante la sospecha, debe realizarse una biopsia de la próstata para confirmar la presencia del tumor. Éste es un procedimiento ambulatorio, que en la mayoría de los casos se realiza con anestesia local y que permite obtener muestras del tejido prostático para ser analizadas microscópicamente, y de este modo confirmar la existencia de un cáncer. De no demostrarse un tumor, el paciente debe continuar controles de acuerdo a su condición individual.

La función sexual masculina se produce en respuesta a una estimulación sexual adecuada para el individuo y se caracteriza por obtener y mantener la erección del pene, la emisión de espermatozoides, la eyaculación y el orgasmo, permitiendo así una relación sexual satisfactoria para el hombre y su pareja.

Para que todo esto se produzca, se necesita que mecanismos vasculares, neurológicos, hormonales y sicológicos se encuentren operando, individual y sincrónicamente, en forma normal.

El deterioro de alguna de estas funciones producirá la alteración en alguna de las fases de la respuesta sexual masculina, que es una secuencia de fenómenos fisiológicos, o de la función sexual en forma parcial o completa, lo que puede producir un importante impacto en la calidad de vida del paciente, su pareja y en su entorno familiar.

La respuesta sexual masculina, al igual que otras funciones, sufre cambios fisiológicos normales y alteraciones a cualquier edad, especialmente con el paso de los años. Además, con el envejecimiento, muchos de los fenómenos que participan en esta importante función se ven afectados por hábitos, conductas y patologías orgánicas y sicológicas propias del adulto.

En el adulto mayor se produce una disminución en la secreción de la hormona sexual masculina -testosterona- y aproximadamente en el 39% de los hombres entre 45 y 85 años esta situación se acompaña de alteraciones que se expresan como disminución de la libido, alteraciones de la erección (la que se hace menos frecuente e intensa), y necesidad de mayores niveles de estimulación para obtenerla y mantenerla.

Puede haber una disminución en la cantidad y calidad del semen, acompañándose de eyaculaciones a veces menos placenteras, con episodios de orgasmos breves y menos intensos.

También existen muy frecuentemente alteraciones de la eyaculación, como eyaculación prematura o precoz, ausencia de eyaculación, retardo de eyaculación, y eyaculación dolorosa, las que deben ser adecuadamente estudiadas para indicar el tratamiento.

  • 31% de los hombres entre 18 y 59 años presenta algún síntoma de disfunción sexual
  • 52% de los hombres entre 40 y 70 años sufre algún grado de disfunción eréctil propiamente tal.

En estos últimos, la causa es por otras patologías y sus tratamientos: hipertensión arterial, alteraciones metabólicas como la diabetes mellitus, uso de vasodilatadores, medicamentos para compensar enfermedades cardiacas, obesidad, vida sedentaria, tabaquismo y consumo de drogas, entre otros.